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domingo, 18 de mayo de 2014

FLOW, Relación amor-odio

Aprender a tocar la batería puede llegar a ser tan frustrante como pronunciar el nombre de Mihaly Czikszentmihalyi. Ahora bien, cuando percibes que avanzas, empiezas a notar como por momentos entras en lo que este psicólogo de origen húngaro denomina "Estado de flujo" (flow). 
Y mola.
.


Aprender a tocar la batería era una de esas cosas que cuando en algún momento de tu vida te da por escribir una lista de "cosas que hacer antes de morir" yo había apuntado. ¿Por qué? Pues por un montón de motivos, pero principalmente, porque siempre me ha gustado como suena en mi música favorita (Rap, R&B, Funk...) y porque cuando veo a un batería tocar, me da la impresión de que se lo está pasando demasiado bien. Y los que le escuchan también.

Hace ya casi un año que empecé a ir a clases. Voy a una clase de 1 hora a la semana. Algunos meses voy a más de 4 clases. Otros a menos. Depende. Porque soy gallego y porque a veces me organizo mal y no saco tiempo para dedicárselo a esto. Conflictos de prioridades supongo... El caso es que en total debo llevar unas 40 horas de clases. Si hiciéramos caso a la teoría de las 10.000 horas de Malcolm Gladwell me quedan todavía 9.960 horas de práctica para convertirme en un maestro de la batería. Teniendo en cuenta que empecé sin apenas conocimientos musicales (lo primero que me explicó el profesor fue qué era una negra, y no me refiero a Naomi Campbell #juas) quizás incluso me hagan falta unas cuantas horas más... 



¿Y qué pinta Mihaly Csikszentmihalyi en todo esto? 

Hace poco "saqué a oído" un acompañamiento con la batería bastante decente de la canción "Love Hate Thing" de Wale (con Sam Dew) y me acordé de Mihaly y su charla en TED sobre el concepto de "FLOW", una sensación que experimenté, de alguna manera, cuando conseguí acompañar esta canción con la batería. Cuando estás en "flow" te encuentras completamente concentrado en lo que estás haciendo, aislado de tus preocupaciones diarias y con una sensación de tranquilidad y satisfacción personal increíble.
Y a mí que me importa, diréis los des-conocidos que me leéis. Pues sí, la verdad que es una tontería, pero espero que por lo menos os resulte interesante el tema del "flow" y os haga reflexionar sobre las actividades o momentos en los que conseguís ese tipo de estado en vuestra vida. Podéis leer en la Wikipedia qué es esto del "Estado de flujo" y sus implicaciones, pero si queréis simplemente un resumen estas dos tablas os darán una idea bastante precisa:


Aprender a tocar la batería me lo he tomado como un reto personal desde el primer día. Pero como no le puedo dedicar todo el tiempo que quisiera, a veces me pasa que me frustro cuando algo no me sale o no avanzo a la velocidad que me gustaría. Otras veces miro atrás y me acuerdo de cuando no era capaz ni de hacer el ritmo más básico. Y se me pasa. Mi profesor dice que tengo buen oído y buena actitud y que eso es lo importante para progresar. Yo creo que aparte de lo que le pago, alguien que me quiere bien le da un extra para motivarme. Lo que me pasa con la batería es un poco como una relación de amor-odio. A pesar de todas las frustraciones no puedes dejar de quererla. Y es por ello que no podía haber sido con una canción más propicia que consiguiera esa especie de sensación de "flow". Disfrutadla.  

domingo, 18 de septiembre de 2011

EL ÁRBOL DE LA VIDA, Experiencia cinéfila

Acabo de volver del cine de ver "The tree of life" (El árbol de la vida), la última película del director de culto Terrence Malick, protagonizada por Brad Pitt y Sean Penn. Película no apta para todos los públicos y no por su contenido, sino porque se las trae. De todas formas, aunque las expectativas eran muy altas después de leer la crítica de El País (que os adjunto en esta entrada) creo que la experiencia ha merecido la pena. Aunque en algunos momentos se me cerraran los ojos en la sala...


Palabra de Terrence Malick

"¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra? (...) ¿Quién fijó sus medidas? (...) ¿Quién tendió sobre ella la cuerda para medir? ¿Sobre qué fueron hundidos sus pilares o quién asentó su piedra angular?", pregunta Dios a Job en el capítulo 38 de su Libro. Unas palabras que resuenan como un martillo pilón en El árbol de la vida, el inspirador, casi inabordable, complejísimo, hermoso, trascendental poema en imágenes que ha compuesto Terrence Malick, el hombre sin rostro, enigma personal y artístico, apenas cinco películas en casi 40 años de carrera, todas extraordinarias, probablemente el director más inescrutable de siempre. ¿Quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos? El origen y el fin. La fuente de la existencia y las puertas de la muerte. ¿Puede una obra de arte englobar no un misterio, sino el Misterio? Quizá sí. El árbol de la vida.

      EL ÁRBOL DE LA VIDA

      Dirección: Terrence Malick. Intérpretes:Brad Pitt, Hunter McCracken, Jessica Chastain, Sean Penn. Género: drama. EE UU, 2011. Duración: 140 minutos.

      La noticia en otros webs

      Es un filme inmenso no por lo que pasa, sino por lo que te hace sentir

      Un epílogo de 10 minutos resume todo: la vida es fe, la vida es creencia

      Alejándose completamente de la narrativa convencional, Malick ha pergeñado una película de sensaciones, de texturas, de sonidos, de colores, armada para ser degustada con la mente y el cuerpo, con las tripas, quizá con el alma; una película inmensa no por lo que pasa en ella, sino por lo que te hace sentir a través del lenguaje cinematográfico, de sus encuadres, del movimiento continuo de la steadycam, lentamente, a toda velocidad, nunca quieta, de la combinación de planos, de sus insertos, de sus grandes angulares para producir sensación de sueño, de pesadilla. En su primera media hora Malick une el origen del mundo y el origen de la vida. El espacio, los astros que cantan a coro, la aurora de la mañana, el fondo del océano, el reino de las sombras, el seno materno, las puertas del mar, el cordón umbilical. Todo ello ya está en ese capítulo 38 del Libro de Job. Y, en ese larguísimo prólogo, también comienza a hablarse no de la existencia en general, sino de una vida en particular: la del niño Jack O'Brien (en iniciales: Job), martilleado por el brazo custodio, represor-ejecutor, de su padre, del Padre, del todopoderoso, del Todopoderoso, al que no se discute, al que no se replica, como ese dinosaurio que planta el pie con dureza en la cabeza de su cría en otra de las imágenes de la película.

      Más tarde, el núcleo central, alrededor de una hora y media, contiene eso que dicen que marca nuestro futuro: la infancia, la compañía de tus hermanos, de tus amigos, de tus progenitores. Y, como contrapartida, la labor del padre. Malick lo narra intensificando lo ya apuntado en Malas tierras (1973), Días del cielo (1978), La delgada línea roja (1998) y El Nuevo Mundo (2005), con poquísimos diálogos, mucha voz en off y un gran apoyo musical. Mahler, Bach, Couperin, Smetana, Brahms, Respighi, Mozart, Berlioz, incluso Preisner. Casi nada. También Alexandre Desplat, el mejor compositor cinematográfico del momento. Y ahí la vida fluye.

      Pero ¿qué es la vida? ¿Acariciar por primera vez el pie de tu bebé o asistir al primer entierro de una persona que no tenía edad para morir? ¿Sufrir la muerte de un hijo, de un hermano, o lanzar a una rana al espacio atada a un pequeño cohete con la ayuda de un petardo? Seguro que todo ello, unido, nos hace personas. "La naturaleza siempre trunca la felicidad", viene a decir uno de los textos, comenzando por la mera existencia de la muerte. Estamos condenados a morir, pero, como el niño protagonista, a veces lo que siente es que se está condenado a vivir.

      Por último, un epílogo de 10 minutos que resume todo: la vida es fe, la vida es creencia. Palabra de Dios, palabra de Malick, el hombre que ha legado una súplica, un lamento, una obra que queda para la historia del cine desde ya.





      martes, 16 de agosto de 2011

      PETER GABRIEL & NADA SURF, La banda sonora de mi vida

      ¿Si tuvieras que elegir una canción, de todas las que existen, para considerarla la banda sonora de tu vida, cuál escogerías?

      Difícil elección, ¿verdad? No será por canciones, por buena música (y no tan buena, pero que gusta igual para determinados momentos). Si tuviera que elegir mi estilo de música favorito escogería el rap, aunque me gusta la música negra en general tipo R&B, Soul, etc.

      No me considero un "exquisito" en esto de la música y reconozco tener mi Ipod llenito de música comercial. Sin embargo, por influencias ajenas a mi persona (y gracias a Dios) tengo unos gustos bastante amplios y variopintos. Por ejemplo, en mi tierna infancia, con apenas consciencia y tres años, mis tíos me ponían a bailar la música de Peter Gabriel, vocalista del mítico grupo Génesis en los años 70 y poco más tarde músico ecléctico (me encanta esta palabra, la escuché por primera vez refiriéndose al propio Gabriel) en solitario.
      El año pasado tuve la enorme suerte de poder asistir por primera vez con mi tío "Calín" a un concierto suyo en el Palacio de los Deportes de Madrid. Aunque según mi tío no fue ni mucho menos de sus mejores conciertos, y la mitad fueron versiones de otros artistas incluidas en su último disco "Scratch my back", para mi fue como un sueño hecho realidad, su música consiguió ponerme los pelos como escarpias. Sobre todo estos dos temas, "My body is a cage" (de Arcade Fire) y "The book of love" (de Magnetic Fields). En directo, con toda una orquesta acompañando su increíble voz y el público sentado (sí, ¡sentado!); la palabra emocionante se queda corta:



      Pero, uno de sus mayores éxitos, "Sledgehammer" (1986), probablemente sea mi "banda sonora" hasta los 16 años:


      2007 es el año de mi segunda experiencia en Canadá, esta vez en Vancouver (British Columbia), y allí descubrí al grupo, y sobre todo la canción, que se ha convertido en la banda sonora de mi vida hasta este momento. Jamás olvidaré el contexto en el que la escuché por primera vez. Un viaje de 14 horas en coche por la costa del Pacífico norteamericano a principios del mes de julio. A mi "host brother" (el "hermano mayor canadiense" que tenía en la familia que me acogió durante mi estancia allí) le gustaba especialmente esta canción, y el grupo, y se sorprendió de que jamás hubiera escuchado hablar de ellos. Al principio la canción simplemente me resultó relajante. Estaba cansado por el viaje, recuerdo ir estirado en el asiento de delante con la ventanilla abierta y el viento azotando mi cara. Por un momento esa canción logró trasladarme a otro mundo, muy tranquilo por cierto. Cada vez que cierro los ojos y escucho esta canción soy capaz de trasladarme a ese estado sin apenas esfuerzos. Mucho más tarde volví a escucharla en una de mis series de televisión favoritas "How I Met Your Mother" ("Como conocí a vuestra madre") y me vino esa ilusión infantil de cuando una casualidad tonta te alegra el día. La canción, por cierto, se llama "Inside of love" del grupo Nada Surf:


      Todavía mucho más tiempo después, me paré a analizar su letra. Hasta el momento solo me había dejado llevar por su melodía y su ritmo, pero cada estrofa, una vez digerida, le daba todavía más valor a la canción. Me sentí como identificado, la canción se volvió mía. Yo también quería saber qué había "dentro del amor".

      Watching terrible tv
      it kills all thoughts
      Getting spacier than
      An astronaut
      Making out with people
      I hardly know or like
      I can't believe what i do
      Late at night

      I wanna know what it's like
      On the inside of love
      I'm standing at the gates
      I see the beauty above

      Only when we get to see
      The aerial view
      Will the patterns show
      We'll know what to do
      I know the last page so well
      I can't read the first
      So i just don't start
      It's getting worse
      [chorus]
      I wanna know what it's like
      On the inside of love
      I'm standing at the gates
      I see the beauty above

      I wanna know what it's like
      On the inside of love
      I can't find my way in
      I try again and again

      I'm on the outside of love
      Always under or above
      I can't find my way in
      I try again and again

      I'm on the outside of love
      Always under or above
      Must be a different view
      To be a me with a you

      I wanna know what it's like
      On the inside of love
      I'm standing at the gates
      I see the beauty above

      I wanna know what it's like
      On the inside of love
      Of course i'll be alright
      I just had a bad night


      Y finalmente, casi 4 años después de haberla escuchado por primera vez, me quedé dormido en cama ajena mientras sonaba este tema creyendo que por fin lo había encontrado. Aunque al final todo acabó siendo "una mala noche", los recuerdos y sensaciones que me transmite esta canción son imborrables.

      sábado, 13 de agosto de 2011

      MY BODY IS A CAGE, Arcade Fire



      My body is a cage
      That keeps me from dancing with the one I love
      But my mind holds the key

      My body is a cage
      That keeps me from dancing with the one I love
      But my mind holds the key

      I'm standing on the stage
      Of fear and self-doubt
      It's a hollow play
      But they'll clap anyway

      I'm living in an age
      That calls darkness light
      Though my language is dead
      Still the shapes fill my head

      I'm living in an age
      Whose name I don't know
      Though the fear keeps me moving
      Still my heart beats so slow

      My body is a cage
      We take what we're given
      Just because you've forgotten
      Doesn't mean you're forgiven

      I'm living in an age
      Still turning in the night
      But when I get to the doorway
      There's no one in sight

      I'm living in an age
      They're laughing, I'm dancing
      With the one I love
      But my mind holds the key

      Still next to me
      My mind holds the key
      Set my spirit free