Mostrando entradas con la etiqueta arte callejero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arte callejero. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de mayo de 2015

ABANDONED LOVE, Peyton Fulford




"For my participatory art project (...) I asked my followers to send me phrases from their diary, text messages, and anything else they personally have written in their own words. (...) I sorted all of the messages into categories and realized that love was the main subject of the majority of the quotes. I decided to use only the phrases that focused on the relationship between love and melancholy because I wanted to diverge from the usual happy, celebratory phrases on banners by using sad, more realistic phrases. (...) With this project I wanted to materialize a private moment by sharing it publicly. (...) We, as human beings in the technological age, constantly lose touch of reality and begin to perceive people as perfect, when in reality we all feel deeply and go through similar emotions. 

martes, 17 de febrero de 2015

Lecturas e historias inconexas sobre EL TIEMPO

Paradojas de la vida, escribí esta entrada que trata sobre "el tiempo" (así, en general) hace ya un tiempo y no la publiqué hasta hoy por no encontrar, precisamente eso, tiempo (o mejor dicho, el momento) para terminar de editarla y juntar una serie de historias personales aparentemente inconexas... Ahí va:

El jueves pasado (15/01/2015), a eso de las siete y media de la tarde apagué Internet de mi teléfono móvil y no volví a conectarlo hasta el domingo, aproximadamente a la misma hora. Entre medias dos aviones y 3 noches de paz disfrutando la ciudad de Berlín. Hoy, de nuevo "enchufado" a la Red, leo un interesante artículo acerca, precisamente, de esa sensación agobiante que es estar "perpetuamente conectado".

Aún me acuerdo cuando me resistía a tener Whatsapp en el teléfono. Ahora tengo, además, Twitter, Facebook, Linkedin y doy gracias de que Instagram no haya podido conmigo todavía (y espero que por nunca jamás). Un amigo mío ha decidido volver a esos Nokia que una vez todos tuvimos. También se ha borrado su cuenta de Facebook y solo utiliza las redes sociales para su negocio. Dice que se siente mejor y es más productivo. No lo dudo, y puedo dar fe de esa misma tranquilidad cada vez que desconecto literalmente de toda interacción tecnológica, normalmente en mis ocasionales viajes al extranjero. Parece mentira que después de un año "estudiando" e "investigando" sobre redes sociales y marketing online les haya cogido como cierta manía. A veces tienes la sensación de que son solo una pérdida de tiempo... Quizás la solución, no tan radical como la de mi amigo, esté en ser capaces de auto-controlar el uso que hacemos de estas herramientas. Al fin y al cabo forman parte de un progreso que se supone debería hacernos las cosas más fáciles y a nosotros más ¿felices?

Pero, ¿hasta qué punto tenemos control sobre esta tecnología? Sobre esta cuestión y los efectos que Internet provoca en nuestro cerebro trata una de mis últimas lecturas que tuve el placer de hurtar de entre los libros de mi padre las pasadas navidades.


Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Nicolas Carr)

"Al final, acabamos fingiendo que la tecnología en sí misma no tiene mayor importancia. Nos decimos que lo que importa es cómo la utilizamos. La presunción, reconfortante en su arrogancia, es que controlamos".


¿Y qué tiene que ver todo esto con el tiempo? En el libro se hace mención al cambio que supuso el reloj en nuestra evolución. Al igual que Internet ahora, el reloj cambió en su momento la forma en que pensamos. "Desde el momento en que el reloj recuerda permanentemente a su propietario el tiempo utilizado, el tiempo pasado, el tiempo malgastado o perdido se vuelve un acicate clave para la realización personal y la productividad (...) un estímulo para el individualismo, aspecto sobresaliente de la civilización occidental".


Supongo que por eso tengo tres relojes. Cada uno tiene su historia, que resumida, es la siguiente: 
El de más a la derecha, más formal, lo llevo al trabajo. Es el último que compré y lo hice con mi primer sueldo de "contratado" en 2014. El del centro, más informal (por decir algo) lo llevo cuando no estoy en el trabajo, Solo señala la hora entre las tres y las seis, las demás las asumes por la posición de las agujas, pero no hay un número que las precise. Este me lo compré con mi primer sueldo de mis primeras prácticas en 2012. El de la izquierda, el tercero y último, fue el primero que compré en Madrid. Lo hice la primera vez que fui a El Rastro en 2010 y pagué por él 8 euros pensando que era un Casio. Luego me enteré que era un "casi-Casio". Ya no funciona. Me lo pongo igualmente, cuando no quiero saber la hora, porque no me gusta salir sin reloj en la muñeca.



                                                               Blu Street Art @ Berlin


Después de esta pausa para la autobiografía, retomo el tema central de la entrada (el tiempo) con una de las lecturas más interesantes que he disfrutado últimamente. Un texto de 'The Economist' titulado In search of lost time: Why is everyone so busy?. Diez páginas que merece la pena imprimir, subrayar y hasta pensar sobre ellas (si tienes tiempo...):


"Everybody, everywhere seems to be busy (...) Part of this is a perception problem (...) then is less how much time people have than how they use it". 


"He saw that everyone everywhere was running, running, running,but to where? For what? People were trading their time for all sorts of things, but was the exchange worth it?"


No sé de dónde me viene la curiosidad por el arte. Mi madre estudió Geografía e Historia y se especializó en Historia del Arte en la universidad, pero no recuerdo oírla hablar del tema, más bien a mi padre bromear acerca de la "profundidad" de sus apuntes. En el colegio, en Bachillerato, escogí la rama tecnológica (porque iba para arquitecto...) pero de mí clase solo un amigo y yo escogimos Historia del Arte como asignatura optativa. A mí la asignatura me flipó, pero se ve que no tanto como a él, que acabó estudiándola como carrera. Ahora, mi profesor de batería me regala todos los meses el número "físico" de esta revista (que devora en una tarde). Estas navidades uno de mis tíos me regaló este libro y yo, para complementar su lectura, me compré este otro que había visto en la casa de mi tía. El caso es que en este último vi la imagen que aparece justo debajo de esto que estoy escribiendo (y que tú estás leyendo ahora mismo) y que, aunque no lo parezca, es una obra de arte:

Felix Gonzalez-Torres. "Untitled" (Perfect Lovers). 1991


"Estos dos relojes idénticos fueron programados inicialmente para marcar exactamente la misma hora, pero a medida que el tiempo pasa se van "desincronizando", adelantándose uno y quedándose el otro atrás. Esta pérdida de conexión, imposible de evitar, es la metáfora del trabajo creado por el autor poco después de que diagnosticaron con SIDA a su pareja. El color azul pálido del fondo es, según González-Torres, el color de un recuerdo bonito. La pieza refleja la mortalidad, las relaciones humanas y el paso del tiempo, y como gran parte del trabajo del artista cubano transforma objetos cotidianos en una reflexión sobre el amor y la pérdida".


Y el tiempo pasó... Y yo ahora estoy escuchando esto y no sé si será demasiado tarde...

domingo, 27 de abril de 2014

E-1000, Encontrarlo perdiéndose

Tengo que reconocer dos cosas: 
Me encanta el arte callejero y tengo una orientación espacial pésima. 

Cuando hace unos días vi este breve reportaje sobre E-1000 en la web de "Madrid Street Art Project" me entraron ganas de escribir sobre su trabajo, porque me llama mucho la atención. Pero, aunque puedas investigar y redactar algo sobre un artista, creo que lo mejor es disfrutar su obra, en este caso mirándola aquí, también aquí o en la calle, su lugar natural. 


En mi caso, he descubierto muchas de sus "pintadas" en rejas fruto de la pura casualidad. Vas andando por la calle, en ocasiones sin un rumbo muy definido, y de repente ves que hay formas hechas con spray en un portal y a veces teniendo que hacer un pequeño esfuerzo te das cuenta que pone E-1000. A mí, personalmente, me hace ilusión cuando veo uno, pero a lo mejor es porque soy un poco rarito...

Este es evidente.

Este no tanto.

Y no, no me olvidé de lo otro que tenía que "confesar": que tengo una orientación espacial pésima. Sale a relucir, por ejemplo, cuando conduzco porque se junta con mi despistada cabeza, a la que a veces le dan brotes de inactividad cerebral y no consigue conectar neuronas. He intentado sacarle partido disfrutando del hecho de perderme. Pero cuando vas con alguien a un sitio concreto perderse no suele ser algo con lo que se disfrute demasiado. Mi hermano, que es una de las personas que más ha sufrido esta carencia tan mía, dice que el problema viene porque no me fijo. ¡Pero entonces no sé cómo puedo encontrar tantas pintadas de E-1000 cuando camino por Madrid! Será que me fijo solo en lo que me interesa. O que a veces para encontrar algo hace falta perderse. 


(Actualización 01/06/2015: intervención de Neorrabioso en Vigo)

jueves, 9 de agosto de 2012

Alrededor de Europa, ARTE CALLEJERO

Algunos ejemplos de lo que considero arte callejero y que me he ido encontrando en mi último viaje por algunos países europeos (las fotos fueron tomadas en calles de Ljubljana, Belgrado, Estambul, Venecia y Florencia).



















jueves, 26 de julio de 2012

Las gafas de la verdad, OBEY


Cuando era pequeño mi madrina nos entretenía a mi hermano y a mi con juegos de todo tipo. Uno de ellos consistía en darnos una serie de palabras (por ejemplo: coche, perro, bombilla) y con ellas construir una breve historia, que no tenía por qué tener sentido, simplemente contener las palabras sugeridas.

Hoy voy a rememorar de alguna manera este juego de infancia para tratar de explicar la conexión entre las siguientes tres fotos que aparecen en esta entrada. Las palabras, en este caso nombres, son: "Shepard Fairey", "Andre The Giant" y "They live". 



Shepard Fairey es un artista y diseñador americano. En la foto aparece delante de la obra que le puso en boca de la opinión pública por la repercusión icónica de la imagen para la campaña presidencial de Obama en 2008. 


Este es otro de los trabajos de Shepard Fairey. En este caso, se trata de una pegatina (aunque realizó otros formatos) que se dedicó a ir pegando por la calles de todo el mundo. En el diseño aparece una foto en alto contraste de André The Giant, probablemente el luchador de wrestling más popular y carismático entre los años 60 y 90, junto con la palabra "OBEY" ("OBEDECE"). El artista, fascinado por la reacción del público y la idea de como una imagen puede ganar poder real a través del poder percibido (la idea la desarrolla en un manifiesto, en inglés, que podéis leer aquí), siguió pegando `stickers´ a modo de experimento.



Shepard Fairey explica en un vídeo-documental sobre el graffiti y el arte callejero titulado "Bomb it", que creó el diseño de Andre The Giant después de encontrarse casualmente con la imagen de este en un anuncio de una revista. Pensó que si tuviera que elegir un icono que perpetuar durante los próximos 15 años elegiría la imagen de la cara de André The Giant. El motivo de colocar la palabra "OBEY" viene de una película de John Carpenter titulada "They live" ("Están vivos", 1988). En ella el protagonista, Roddy Piper (casualidad o no, también un retirado luchador de wrestling) encuentra unas gafas que cuando se las pone el mundo se vuelve en blanco y negro y cada anuncio que ve en vez de decir, por ejemplo, "Vacaciones en el Caribe", dice "Consume", "Mira la televisión",... "OBEDECE" ("OBEY"). Además, en la película, estas gafas permiten al protagonista ver a las personas tal y como son, descubriendo así que importantes personajes de la vida política y social son en realidad extraterrestres que pretenden, a través de mensajes subliminales, convertir a los hombres en una raza de esclavos. Ciencia ficción, terror, comedia dice "Filmaffinity"... ¿Usé las tres palabras?, digo yo.